sábado, 5 de agosto de 2017

La vida no es rosa

Llegué devuelta a Chile en octubre de 2015, ya ni me acuerdo el día. Esperaba en el aeropuerto a mis papás después de un viaje de dos días desde La Habana con una escala terrible en Bogotá. Me traje en la maleta tres años de viajes, dos países a los que abracé como mi hogar, un amor internacional y la esperanza de que el reencuentro con Chile fuera como me lo imaginé después de haber decidido que el nomadismo tan prolongado no era para mí.

Qué era lo que extrañaba de estar en Chile? La familia y los amigos, ese asado o cumpleaños en la casa de alguna tía, las salidas nocturnas con mis amigas, la comodidad de la ciudad y de tener un trabajo de lunes a viernes en una oficina donde no tuviera que limpiar los baños o servir el café.

Me vine, la corté con la weá de los viajes, de creerme super forever young y de tener “nada” …

Yo quiero tener “algo” le dije a mi compañero, no quiero que se pasen los 30 sin tener una casa propia. No quiero seguir pasando por ahí sin penas ni glorias, quiero ir a los asados o cumpleaños donde alguna tía, quiero las salidas nocturnas con mis amigas, quiero volver a lo que tenía antes.

Entonces, volví.

Han pasado casi dos años desde ese momento, y por la chucha que ha sido complicado.

Después de un mes en Chile conseguí por pituto un trabajo en una oficina respetable, donde todos me decían que aguantara porque era la media pega, la media proyección.

Trabajaba por 900 lucas de 9 am a 7:30pm… Conchesumadre que la pasé mal. Pero me repetía que era el precio que tenía que pagar por empezar de nuevo, por ser una “recién titulada” aunque antes de irme de viaje había trabajado 3 años. Toda esa experiencia “se borró” “quedé sin vigencia” o alguna weá así, pero no importaba, porque en esa oficina tenía un futuro, podía ser lo que me había propuesto al volver a Chile.

Ahora tenía que ahorrar pa poder arrendar un departamento en alguna parte “nice” de la ciudad, para comprar muebles y ropa. Para poder esperar a mi compañero con todas las virtudes de una bien acomodada abogada que trabajaba en Sanhattan.

Y me echaron, obvio.

No me acostumbré, no podía ser la esclava que ellos esperaban. Me echaron porque varios días de la semana me iba a las 7pm en vez de las 7:30… para ellos eso era muestra de que no estaba ni ahí con la pega, que lo que esperaban de mí era que cerrara la oficina, que anduviera detrás de todos los abogados ofreciéndoles hacer más pega de la que me habían designado.

Y ahí me quedé con el sueño del departamento nice en el bolsillo, sin pega y unas cuantas chauchas que había ahorrado para que cuando llegara el Roman yo tuviera todo arreglado.

Nos vinimos a la playa, a un pueblo cerca de San Antonio, ya que no tenía pega mi tía nos prestó la casa en la playa. Vivimos en El Tabo desde abril del 2016 y puta que nos han pasado cosas.

Y se cumplió lo que yo quería! Vivo en un pueblo cerca de Santiago, tengo un negocio que es rentable durante la temporada, tengo un puesto de abogada en una oficina, hasta tengo un perro!

Tengo, tengo, tengo y así y todo no es suficiente.

Aquí llega el punto de inflexión donde yo me pregunto, será que yo soy una conchadesumadre inconformista, una weona que nunca siente que es suficiente? Porque chucha no puedo ser feliz y disfrutar de lo que tengo!!!!! Por la chucha que es difícil….

Este blog es una terapia, si alguien lo lee estaré feliz de escuchar lo que piensan de este ser humano inconformista materialista perdido en la galaxia.